
En un mercado global hiperconectado, la innovación ha dejado de ser un acto solitario. Las organizaciones que intentan innovar de forma aislada enfrentan mayores riesgos y ciclos de desarrollo lentos. Hoy, el éxito radica en la capacidad de orquestar o integrarse en un ecosistema de innovación dinámico.
Un ecosistema de innovación es una red de actores (startups, corporaciones, academia y gobierno) que colaboran para acelerar el desarrollo tecnológico. Este se sustenta en la densidad de talento, el acceso a capital de riesgo y una cultura de reciprocidad o «dar antes de recibir».
Estas estructuras se han consolidado como pilares estratégicos en las políticas de fomento a la innovación. Actualmente, se reconoce que alcanzar y mantener el desarrollo económico depende de la diversidad y la vinculación efectiva entre el gobierno, la sociedad civil, el sector privado, universidades y emprendedores.
El concepto de «ecosistemas de innovación» ha ganado una tracción significativa en la industria, la academia y el sector público (Oh et al., 2016). Estimular su surgimiento es hoy una necesidad para renovar industrias tradicionales; por ello, se requieren enfoques de emprendimiento y políticas públicas sólidas que impulsen estos espacios.
Paralelamente, en los estudios especializados, el término «sistemas de innovación» se utiliza ampliamente, a menudo con matices como «sistema nacional de innovación» o «sistemas de innovación sectorial».
Si bien el modelo de EE. UU. es el referente global más destacado por su impacto en el desarrollo económico, emergen con fuerza ecosistemas exitosos en regiones como Singapur y São Paulo. En este artículo, profundizaremos en las definiciones esenciales, los diferentes tipos de ecosistemas, el rol de sus actores clave y presentaremos una herramienta estratégica para su modelado.
Puntos clave
- La innovación ya no es un acto solitario: El éxito organizacional depende de la capacidad de orquestar o integrarse en ecosistemas dinámicos que aceleren el flujo de conocimiento y reduzcan los riesgos de desarrollo.
- La figura del «Orquestador» es vital: Ya sea una universidad, una empresa líder o una institución intermedia, contar con un actor que coordine recursos y alinee intereses es la diferencia entre un ecosistema funcional y uno fragmentado.
- Evolución hacia la Quíntuple Hélice: Los modelos ganadores hoy integran no solo a la academia, industria y gobierno, sino también a la sociedad civil y al medio ambiente, garantizando que la innovación sea socialmente responsable y sostenible.
- Resiliencia ante la desglobalización: Los ecosistemas actúan como escudos estratégicos. La cohesión emocional y la confianza entre los actores permiten a las regiones mantener su competitividad frente a las crisis externas y disrupciones globales.
- Especialización sobre imitación: El éxito de polos como San Diego o el País Vasco demuestra que el secreto no es copiar a Silicon Valley, sino potenciar las ventajas competitivas locales y la especialización regional.
- Cultura de «Coopetición»: La madurez de un ecosistema se mide por su capacidad de fomentar la colaboración y competencia simultáneas, compartiendo riesgos y activos intangibles para crear un valor conjunto superior.
- Financiamiento en «Escalera»: Para superar el «valle de la muerte», es indispensable una estructura de capital que abarque desde fondos públicos iniciales y capital semilla hasta el venture capital de etapas avanzadas.
¿Qué es un ecosistema de innovación?
En la literatura científica actual coexiste una amplia gama de interpretaciones sobre este concepto. Al respecto, Granstrand y Holgersson (2020) destacan que las definiciones suelen poner un énfasis compartido en dos pilares: la colaboración/complementación y la diversidad de los actores involucrados.
En esencia, un ecosistema de innovación es una red colaborativa donde startups, corporaciones, universidades, gobiernos e inversores interactúan para acelerar el flujo de conocimiento y la generación de valor comercial. A diferencia de un clúster industrial convencional, el ecosistema se fundamenta en la coinnovación y la interdependencia estratégica. Como señalan Alka et al. (2024), estos espacios son vitales para la gestión del conocimiento, ya que facilitan el acceso a recursos críticos mediante la sinergia colectiva.
Más allá de una estructura técnica, el término describe el tejido humano y comunitario fundamental para el progreso (Millard, 2018). Son redes dinámicas que conectan el talento emprendedor con las capacidades institucionales. En una definición más técnica, Granstrand y Holgersson (2020) explican que un ecosistema abarca:
«Un grupo de actores, actividades y artefactos (recursos tangibles, intangibles y tecnológicos), junto a las instituciones y relaciones —tanto complementarias como sustitutivas— que resultan determinantes para el desempeño innovador».
En sintonía con esta visión, Budden y Murray (2022) los definen como entornos que vinculan a las partes interesadas a través de un «fuerte tejido social de interés mutuo y confianza». Por su parte, Klimas y Czakon (2021) subrayan la naturaleza evolutiva del concepto, describiéndolo como un entorno de cooperación donde los actores evolucionan conjuntamente a través de procesos de co-creación de valor.
Finalmente, Andreu (2019) destaca que un ecosistema empresarial busca generar un «hábitat» donde se sumen esfuerzos y potencialidades. El objetivo es trascender los límites individuales de cada entidad para transformar, mediante la colaboración, el conocimiento puro en innovación tangible.
Características distintivas de los ecosistemas de innovación
Para comprender la complejidad de estos entornos, es fundamental identificar los rasgos que los diferencian de cualquier otra agrupación empresarial. Según Thomas y Autio (2019), los ecosistemas de innovación se definen por cuatro características principales:
- Heterogeneidad de Actores: El ecosistema no es uniforme; está compuesto por participantes diversos que desempeñan roles especializados (desde la academia hasta el capital de riesgo), aportando perspectivas y capacidades únicas.
- Resultados a Nivel de Sistema: La propuesta de valor generada es superior a la suma de sus partes. El ecosistema logra resultados que ningún actor, por más grande que sea, podría alcanzar de forma individual.
- Interdependencia Estratégica: Los miembros están conectados por vínculos tecnológicos, económicos y cognitivos. El éxito de uno está intrínsecamente ligado al desempeño y la salud del resto de la red.
- El Desafío de la Gobernanza: A diferencia de una empresa tradicional, el ecosistema carece de una jerarquía rígida. Su gestión requiere mecanismos de orquestación sofisticados para alinear los intereses de todos los participantes hacia un objetivo común.
Tipos de ecosistemas de innovación
La configuración de estos entornos varía según su gobernanza, alcance y objetivos estratégicos. A continuación, se detallan las tipologías fundamentales:
- Ecosistemas cerrados: Estructuras controladas por una empresa líder o un consorcio restringido, donde el flujo de información y la participación son exclusivos.
- Ecosistemas abiertos: Espacios que fomentan la colaboración de cualquier actor dispuesto a aportar valor. Un referente en este modelo es la iniciativa de AstraZeneca (Remneland y Styhre, 2023).
- Ecosistemas regionales: Centrados en una delimitación geográfica específica, como una ciudad o estado. Un ejemplo notable es la metodología propuesta por Cao et al. (2023) para el desarrollo del ecosistema regional en Beijing-Tianjin-Hebei.
- Ecosistemas sectoriales: Especializados en una industria vertical, como la salud o la tecnología. En este ámbito, Carneiro et al. (2023) desarrollaron un marco matricial analítico diseñado específicamente para el sector público.
Más allá de estas categorías básicas, la complejidad del fenómeno ha dado lugar a clasificaciones mucho más granulares. En su investigación, Klimas y Czakon (2021) identificaron hasta 34 variantes de ecosistemas de innovación. Estas se distinguen por su origen (intencionales o emergentes), su gobernanza (orquestados o coordinados), su ciclo de vida (desde la fase evolutiva hasta el declive) y su escala (desde micro hasta globales).
Asimismo, los ecosistemas pueden categorizarse según su dominio (corporativos, universitarios o digitales) y su enfoque estratégico, ya sea orientado a la innovación radical, incremental o hacia modelos rentables y sostenibles. Esta diversidad subraya que no existe un modelo único, sino una arquitectura adaptable a las necesidades de cada mercado.
Importancia de los ecosistemas de innovación
Llegados a este punto, es fundamental responder: ¿Por qué son tan relevantes estos entornos en la actualidad? La importancia de un ecosistema de innovación radica en su capacidad para generar un flujo activo de información y recursos, permitiendo que las ideas disruptivas se transformen en realidades de mercado (Millard, 2018). Este dinamismo es un elemento vital para la interacción efectiva entre los diversos actores que lo integran. Por ejemplo, investigaciones de Song (2023) demuestran que la cooperación de las PYMES con universidades e instituciones de investigación potencia significativamente tanto la capacidad de innovación independiente como la colaborativa.
El valor estratégico de estos ecosistemas se sustenta en dos pilares: el acceso a recursos para los emprendedores y la fluidez de la información para todas las partes interesadas. Según Millard (2018), un intercambio de datos eficiente multiplica las oportunidades de inversión. Por su parte, Marcon et al. (2023) destacan que integrarse en un ecosistema es especialmente beneficioso para la innovación tecnológica, sobre todo cuando las empresas enfrentan mercados volátiles, impredecibles o de baja rentabilidad inicial.
Asimismo, la participación en estas redes fortalece la competitividad y la resiliencia corporativa en contextos de incertidumbre (Zhang et al., 2023), convirtiéndose en un soporte crítico durante tiempos de crisis. En esta misma línea, Alka et al. (2024) subrayan que los ecosistemas de innovación no deben entenderse como entes aislados, sino como el entorno colaborativo esencial que permite que modelos avanzados, como la economía circular, transiten con éxito de la teoría a la ejecución práctica.
Adopción de un enfoque de ecosistema
Una característica distintiva de los ecosistemas de innovación es la sinergia entre los sectores público y privado. En entornos intensivos en conocimiento, estas interacciones no solo catalizan nuevas oportunidades de innovación, sino que impulsan la creación de mercados emergentes (Gifford et al., 2021).
De acuerdo con la International Development Innovation Alliance (IDIA), adoptar un enfoque de ecosistema implica reconocer tres premisas fundamentales:
- Multidimensionalidad: El ecosistema articula diversos actores, relaciones y recursos cuya función conjunta es transformar una idea disruptiva en un impacto de escala global.
- Interdependencia: La eficacia de cada componente individual está intrínsecamente moderada por el desempeño de las demás partes del sistema.
- Dinamismo sistémico: Cualquier modificación en un área del ecosistema genera reacciones y ajustes en el resto de la estructura.
Complementando esta visión, Dorie y Lavie (2023) señalan que el surgimiento exitoso de estos entornos requiere superar barreras organizacionales, fomentar la cooperación activa e implementar mecanismos de gobernanza sólidos que nutran la red. Por su parte, Thomas y Autio (2019) enfatizan que lo que realmente distingue a los ecosistemas de otros colectivos organizacionales es, precisamente, la especificidad de sus resultados y la sofisticación de su sistema de gobierno.
Elementos clave de un ecosistema de innovación
Para que un ecosistema de innovación trascienda la teoría y genere impacto real, debe cimentarse sobre pilares estructurales sólidos. Según Rabelo et al. (2024), todo ecosistema exitoso se apoya en tres factores: los actores organizacionales, las cadenas de innovación y emprendimiento (que definen las etapas de desarrollo) y el soporte financiero, tanto público como privado.
Componentes fundamentales para el éxito
Un ecosistema robusto requiere una combinación sinérgica de los siguientes elementos:
- Emprendedores y Startups: El núcleo dinámico que aporta creatividad, agilidad y disrupción.
- Empresas e Instituciones: Proveedores de experiencia, infraestructura y capital. Xin et al. (2026) subrayan que el apoyo institucional es un moderador crítico que potencia la relación entre el flujo de conocimiento y la cocreación de valor.
- Infraestructura Estratégica: Laboratorios, centros de I+D y plataformas digitales que facilitan la experimentación.
- Cultura de Innovación: Un entorno que tolera el riesgo, acepta el fracaso como aprendizaje y fomenta la colaboración abierta.
La dinámica de los actores y su orquestación
La arquitectura de estos entornos se divide en niveles de participación. Alka et al. (2024) distinguen entre actores primarios (empresas y centros de investigación), encargados de la ejecución tecnológica, y actores de apoyo, que garantizan el respaldo político y financiero. En este escenario, los «Living Labs» emergen como orquestadores y catalizadores esenciales, coordinando las actividades de la «Cuádruple Hélice»: gobierno, academia, industria y sociedad civil (Fauth et al., 2024).
La tríada operativa: Artefactos, Actores y Actividades
Desde una perspectiva funcional, Khizar et al. (2025) proponen que el ecosistema opera mediante la interdependencia de tres ejes:
- Artefactos: Recursos tangibles e intangibles (datos, tecnologías, políticas).
- Actores: Entidades colaboradoras, desde startups hasta clientes finales.
- Actividades: Procesos estratégicos de ideación, diseño y gobernanza. Al respecto, el flujo de conocimiento acoplado entre estos ejes es lo que realmente impulsa la cocreación de valor (Xin et al., 2026).
Factores de alto rendimiento e integración relacional
Finalmente, para alcanzar un rendimiento superior, Qiao y Niu (2024) identifican seis determinantes: el liderazgo empresarial, la generación de conocimiento universitario, la inversión y el personal especializado en I+D, las plataformas industriales de internet y los subsidios gubernamentales.
Sin embargo, el éxito técnico no es suficiente. El estudio de Li et al. (2026) resalta la integración relacional como una característica invisible pero vital. Aunque no produce innovación de forma directa, actúa como un motor indirecto que potencia la capacidad de la red y la co-creación de valor, demostrando que en entornos complejos como los megaproyectos, la calidad de las relaciones es tan importante como la tecnología misma.
Roles estratégicos en un ecosistema de innovación
Para transformar una idea en un impacto real, no basta con la presencia de actores diversos; es necesaria la ejecución de roles específicos que aporten valor en cada etapa del proceso. Millard (2018) subraya que desde las universidades hasta la prensa, cada integrante es una pieza clave en el engranaje de la innovación.
Las seis funciones de articulación
Según la clasificación de Andreu (2019), existen seis perfiles que sostienen la estructura del ecosistema:
- Articuladores: Entidades como Secretarías de Estado u ONGs que garantizan la creación de plataformas de colaboración activa.
- Vinculadores: Cámaras empresariales y consejos industriales que conectan organizaciones con intereses afines para potenciar sinergias.
- Habilitadores: Proveedores de infraestructura, capital y talento (incubadoras, fondos de inversión, coworkings) que inyectan los recursos necesarios para el desarrollo de proyectos.
- Generadores de conocimiento: Centros de I+D y universidades dedicados a la creación de nuevas tecnologías y descubrimientos científicos.
- Promotores: Medios de comunicación encargados de divulgar la cultura emprendedora y dar visibilidad al ecosistema para alcanzar su escalabilidad.
- Comunidades: Redes de apoyo mutuo que trascienden las políticas gubernamentales, aportando estabilidad y sostenibilidad a largo plazo.
El Orquestador: El motor del ecosistema
Un concepto crítico en la literatura reciente es el del orquestador. Machado et al. (2025) lo definen como el actor fundamental encargado de gestionar y coordinar la interacción entre comunidades heterogéneas. Su tarea es movilizar a gobiernos, sociedad civil y empresas para que colaboren de manera efectiva, asegurando que la interdependencia del sistema se traduzca en resultados tangibles.
Actitudes y perfiles de participación
No todas las organizaciones interactúan de la misma forma. Kortus et al. (2025) identifican cinco perfiles actitudinales que definen la dinámica interna de la red:
- El que abandona (Quitter): Aquel que decide pivotar o retirarse, dejando de contribuir al propósito común.
- Pionero (Front-runner): El guía que asegura la alineación con la visión conjunta y motiva a los socios.
- Formador (Shaper): Líder activo que moldea el producto y las rutinas diarias del ecosistema.
- Seguidor (Follower): Un actor reactivo que cumple tareas sin asumir la responsabilidad de liderar la propuesta de valor.
- Indeciso (Hesitator): Socios escépticos o cautelosos que muestran resistencia ante la visión estratégica.
Modelamiento de un ecosistema de innovación
Talmar et al. (2020) proponen una herramienta para modelar un ecosistema de innovación. Ellos denominan “Ecosystem Pie Model (EPM)” e incluyen los siguientes constructos:
a) Nivel de ecosistema
EL: 1. Propuesta de valor del ecosistema
EL: 2. Segmentos de usuarios
EL: 3. Actores
b) Nivel de actores
AL: 1. Recursos
AL: 2. Actividades
AL: 3. Adición de valor
AL: 4. Captura de valor
AL: 5. Dependencia
AL: 6. Riesgos

Guía estratégica: Cómo construir un ecosistema de innovación paso a paso
La creación de un ecosistema no es un proceso lineal, sino una evolución orgánica que requiere una base sólida de factores intangibles. Según Rabelo et al. (2024), la cultura de co-creación, el respeto mutuo y los objetivos compartidos son los motores que dictan la eficiencia de los resultados. Además, la implementación de mecanismos de gobernanza es vital para gestionar conflictos y mantener la estabilidad en entornos turbulentos.
Para abordar este desafío, Jütting (2024) propone una perspectiva de ciclo de vida que divide la evolución del ecosistema en cuatro fases críticas: Nacimiento, Expansión, Madurez y Auto-renovación. El éxito no radica en replicar modelos externos como Silicon Valley, sino en potenciar la especialización regional a través de tres pilares:
Paso 1: Diagnóstico y Capacidad de Absorción
Antes de ejecutar inversiones, es imperativo medir la capacidad de absorción de la región o empresa. Esto implica evaluar si el talento local posee las competencias necesarias para integrar y aplicar tecnologías globales. Si existe una brecha, la prioridad debe ser la formación en las «habilidades del futuro» (Future of Work).
Paso 2: La «Escalera de Capital» y Flujos Financieros
Un ecosistema sobrevive gracias a su disponibilidad de financiamiento en diferentes etapas. Paasi et al. (2023) agrupan estos factores en tres categorías: actores, propiedades del entorno y resultados. Para garantizar la escalabilidad, se requiere una estructura de capital diversificada:
- Capital Semilla (Seed): Inversores ángeles y redes de proximidad (FFF).
- Series A y B: Venture Capital (VC) enfocado en el crecimiento exponencial.
- Financiación Pública: Subvenciones estratégicas que mitigan el riesgo inicial.
Paso 3: Infraestructura Híbrida y «Placemaking»
Aunque la digitalización es la norma, la densidad física sigue siendo un factor imbatible para la innovación en hardware y biotecnología. Los maker spaces y laboratorios compartidos reducen las barreras de entrada, mientras que la infraestructura de «creación de lugares» (placemaking) mejora la calidad de vida y el sentido de pertenencia.
Las 6 acciones clave para el desarrollo
De acuerdo con Davis et al. (2023), la construcción efectiva de un ecosistema comprende seis ejes de acción:
- Visión Aspiracional: Definir una identidad y marca única que cristalice la propuesta de valor para personas y empresas.
- Especialización Sectorial: Enfocarse en nichos específicos (ej. vehículos eléctricos, IA o dispositivos médicos) para maximizar recursos.
- Masa Crítica de Capital y Startups: Fomentar la transición desde la generación de ideas de I+D hacia la comercialización y el crecimiento temprano.
- Estrategia de Talento: Crear alianzas entre el sector público, privado y universidades. Al respecto, Heaton et al. (2019) destacan que las universidades son el motor principal para el desarrollo de capital humano y tecnología.
- Infraestructura de Alta Calidad: Alinear los recursos físicos y virtuales con las necesidades de los sectores priorizados.
- Comunidad y Pertenencia: Cultivar un entorno vibrante, diverso e inclusivo que retenga el talento a largo plazo.
Implementación Corporativa: Estrategias para una integración exitosa
La innovación corporativa de alto rendimiento exige lo que los expertos denominan «ambidestreza organizacional»: la capacidad crítica de explotar el modelo de negocio actual mientras se explora simultáneamente el horizonte del futuro. Para evitar la obsolescencia, las organizaciones deben trascender sus laboratorios internos e integrarse activamente en el ecosistema bajo tres pilares estratégicos:
Innovación Abierta y Colaboración Externa
La resolución de retos internos ya no depende exclusivamente del I+D propio. Colaborar con proveedores externos, universidades y startups permite capturar soluciones disruptivas con una agilidad que las estructuras tradicionales rara vez poseen.
Corporate Venturing
La creación de unidades de inversión corporativa es esencial para capturar innovación externa de manera temprana. A través de la adquisición o inversión en startups estratégicas, las corporaciones aseguran una posición de ventaja competitiva en mercados emergentes antes de que estos se consoliden.
Reciprocidad Estratégica: Dar antes de recibir
Los ecosistemas más resilientes son aquellos donde las corporaciones actúan como habilitadores. Ofrecer mentoría, acceso a redes de mercadeo y validación técnica (PoC) genera un entorno de confianza. El objetivo no debe ser simplemente la búsqueda de tecnología de bajo costo, sino el fortalecimiento del hábitat donde la empresa opera.
Recomendación Estratégica (Wang et al., 2024): Los líderes corporativos deben monitorizar activamente su posición dentro de la red. Mantener relaciones sólidas y aprovechar la topografía del ecosistema facilita una transferencia de conocimiento superior. Esta coordinación de recursos no solo acelera los ciclos de innovación, sino que eleva directamente el desempeño competitivo y las habilidades críticas de la compañía.
Casos de estudio: Ecosistemas de innovación en acción
La relevancia de estos entornos para impulsar el desarrollo económico ha motivado a diversos actores a promover espacios de vinculación estratégica. A nivel global, encontramos ejemplos destacados en industrias contrastantes que demuestran la versatilidad de este modelo:
El sector de las Telecomunicaciones
Un referente clásico es la evolución de la telefonía móvil. Granstrand y Holgersson (2020) analizan cómo este ecosistema experimentó una transformación radical mediante el fenómeno de la «destrucción creativa». En este caso, el sistema de artefactos y tecnologías previas fue reemplazado por una arquitectura de red colaborativa que permitió el surgimiento de los estándares de comunicación global que utilizamos hoy.
La Industria de la Moda
A pesar de ser percibida tradicionalmente como una industria de manufactura, la moda ha adoptado el enfoque de ecosistema para gestionar la complejidad actual. Según la investigación de Zeng et al. (2024), el ecosistema de innovación actúa como una «lente inclusiva y sistemática» que permite a las marcas integrar sostenibilidad, tecnología wearable y nuevos modelos de negocio, aportando una estructura constructiva a la gestión creativa.
Gastronomía: El surgimiento del «Gastronomytech»
Un caso de vanguardia es el ecosistema de innovación en la alta cocina, analizado por Galarraga et al. (2025). Tomando como referente el modelo pionero del País Vasco e impulsado por el Basque Culinary Center (BCC), esta red se articula a través de tres nodos estratégicos de alto impacto:
- BCC Innovation: Consolidado como el primer centro tecnológico del mundo dedicado exclusivamente a la investigación gastronómica.
- LABe Digital Gastronomy Lab: Un Living Lab de experimentación enfocado en la digitalización de la experiencia culinaria.
- GOe (Gastronomy Open Ecosystem): Un centro diseñado específicamente para la atracción de talento global y el escalamiento del emprendimiento sectorial.
Esta evolución ecosistémica está transformando la gastronomía —tradicionalmente empírica y artística— en una disciplina tecnocientífica organizada. Aunque genera un profundo impacto social y económico, el estudio advierte que su mayor desafío estratégico radica en integrar esta sofisticación tecnológica sin diluir el arraigo emocional, cultural y de identidad que define históricamente a la cocina.
Ciudades Inteligentes: El ecosistema urbano del futuro
Los modelos de Smart Cities se consolidan como uno de los ejemplos más ambiciosos de ecosistemas de innovación. Investigadores como Wirtz y Müller (2023) y Appio et al. (2019) destacan que estas iniciativas tienen como propósito fundamental optimizar la prestación de servicios públicos, logrando una gestión urbana más eficiente y centrada en el ciudadano.
La clave de estos ecosistemas radica en la integración de tecnología sostenible para dar respuesta a los complejos desafíos de la sociedad moderna (Oskam et al., 2019). En este sentido, la infraestructura de una ciudad inteligente no es solo un despliegue técnico, sino un entorno de colaboración único. Según Appio et al. (2019), este ecosistema permite a diversos actores —desde gobiernos hasta empresas tecnológicas y la propia ciudadanía— co-crear productos, servicios y soluciones innovadoras que transforman la vida urbana.
Sector Salud: Innovación en entornos complejos
El ámbito sanitario es uno de los campos más prolíficos y, a la vez, desafiantes para los ecosistemas de innovación. Iyama et al. (2017) ya señalaban las diferencias estructurales de los ecosistemas de innovación en salud entre países desarrollados y en desarrollo, proponiendo guías de implementación adaptadas a cada contexto. Sin embargo, estudios más recientes como el de Pikkarainen et al. (2025) revelan la complejidad de la colaboración internacional en este sector.
A lo largo de siete años, se ha observado cómo estos ecosistemas logran expandirse con éxito desde áreas específicas como la cirugía hacia la atención oncológica, accidentes cerebrovasculares y cuidado musculoesquelético. Aunque estos entornos generan resultados académicos sólidos y atraen financiamiento robusto, el éxito comercial enfrenta barreras críticas:
- El desafío regulatorio: En regiones como Singapur, las normativas de seguridad exigen que las innovaciones operen como soluciones independientes, dificultando su integración sistémica.
- Validación de mercado: A pesar de las trabas locales, participar en el ecosistema es una estrategia ganadora para las empresas, ya que permite validar la necesidad global de sus soluciones con una inversión de riesgo controlada.
Sinergia y Cohesión Tecnológica
Para superar estas barreras, Reed et al. (2025) sostienen que la integración de tecnologías basadas en la información depende de la cohesión interna del sistema. Para avanzar hacia una atención médica más eficiente, los autores proponen dos pilares de acción:
- Investigación colaborativa: Las partes interesadas deben cooperar para optimizar el funcionamiento del propio ecosistema, asegurando que el despliegue tecnológico se traduzca en una práctica clínica habitual y fluida.
- Co-creación de procesos: Es imperativo involucrar activamente a todos los miembros en el diseño de nuevas metodologías de trabajo para potenciar la eficacia operativa.
Industria Pesquera: Sostenibilidad y Desarrollo Regional
Incluso en sectores tradicionales como la pesca, el enfoque de ecosistema está demostrando ser un motor de cambio crítico. Un estudio reciente de Wang et al. (2025) analizó el impacto de estos entornos en la gestión pesquera, concluyendo que el ecosistema de innovación mejora significativamente la sostenibilidad de la industria en todos los niveles analizados.
Sin embargo, el hallazgo más revelador del estudio es su impacto asimétrico según el nivel de desarrollo de la región:
- Contraste con Mercados Maduros: En comparación, el impacto es menos pronunciado en los 14 países más desarrollados de la región (UE14), lo que sugiere que los ecosistemas de innovación actúan como un catalizador de cierre de brechas en regiones que buscan optimizar sus recursos naturales.
- Efecto Potenciado en Economías en Desarrollo: Los beneficios del ecosistema sobre la sostenibilidad pesquera son sustancialmente mayores en los 13 países en desarrollo de la Unión Europea (UE13).
San Diego: De la periferia al liderazgo global
El caso de San Diego es uno de los referentes más potentes de evolución territorial. Según el análisis de Majava y Rinkinen (2026), la ciudad logró transformarse de una ubicación remota en un epicentro mundial de innovación gracias a la interacción orquestada de sus actores y factores estratégicos.
El motor del ecosistema: Actores Clave (Stakeholders)
El éxito de San Diego no fue accidental, sino el resultado de una simbiosis entre cuatro grupos fundamentales:
- Capital Humano y Científico: La excelencia de instituciones como la UCSD, Scripps y Salk proveyó la base tecnológica y el talento necesario.
- Empresas Pioneras: Startups de base científica (como Hybritech) actuaron como «semillas» que, tras ser adquiridas, inyectaron capital y experiencia al sistema, permitiendo el surgimiento de gigantes como Qualcomm.
- Inversores de Riesgo (VCs): Actores críticos que financiaron el escalamiento de las empresas en etapas avanzadas.
- Organizaciones Intermediarias: Entidades como CONNECT y BIOCOM fueron el «pegamento» del ecosistema, uniendo la ciencia con los negocios y fomentando la confianza a través de programas de mentoría.
Dimensiones del éxito: Análisis PEST
El estudio clasifica los catalizadores del crecimiento en cuatro ejes determinantes:
- Factores Sociales y Culturales: Se consolidó una cultura bottom-up basada en la «coopetición» (colaboración competitiva) y la toma de riesgos. Además, la alta calidad de vida de la región funcionó como un imán para retener el talento global.
- Factores Tecnológicos: El enfoque en nichos de biotecnología y tecnología inalámbrica, sumado a una transferencia de tecnología eficiente (licenciamiento de patentes de la UCSD), permitió alcanzar una masa crítica de I+D.
- Factores Políticos: El financiamiento público estratégico y las decisiones de zonificación urbana fueron vitales, permitiendo la proximidad geográfica entre universidades y empresas (densidad de innovación).
- Factores Económicos: La fluidez del capital a través de adquisiciones e IPOs, junto con la capacidad de atraer talento externo y fomentar la movilidad laboral, garantizó la vitalidad financiera.
Nanotecnología: Superando el bloqueo institucional
El surgimiento de la industria de la nanotecnología en Israel es un caso de estudio referencial sobre cómo los actores logran superar conflictos para alcanzar la comercialización tecnológica. Según Drori y Lavie (2023), este proceso se divide en tres etapas críticas:
Identificación de «cuellos de botella» organizacionales
El estudio revela que el principal obstáculo en las etapas iniciales de un ecosistema no es la tecnología, sino la parálisis institucional. Estos bloqueos surgen por dos condiciones:
- Burocracia ineficaz: Fragmentación de responsabilidades, agendas rígidas, enfoque a corto plazo (miopía) y vacíos de liderazgo en la infraestructura.
- Restricciones de recursos: Escasez de fondos y una dispersión subóptima de los recursos existentes entre múltiples entes gubernamentales y académicos.
Dinámicas de desbloqueo: Metamorfosis y Coopetición
Para superar la parálisis, los actores israelíes implementaron dos estrategias vitales:
- Metamorfosis organizacional: Se crearon entidades ágiles e informales que permitieron eludir estructuras burocráticas rígidas para alinear intereses rápidamente. Una vez alcanzados los acuerdos, se dio paso a organizaciones formales para la implementación técnica.
- Transición a la «Coopetición»: Se pasó de la rivalidad a la cooperación competitiva en cuatro niveles: por los recursos (evitar duplicidades), por la dirección (misión unificada), por la administración (métodos de supervisión coordinados) y por la identidad (crear la marca «Nanotecnología» sin perder la esencia de cada ministerio o universidad).
Gobernanza y Mecanismos de Aceleración
Una vez desbloqueado el sistema, el ecosistema ganó legitimidad y velocidad mediante:
- Mecanismos Habilitadores: Creación de roles estratégicos como los «cazadores de huevos de oro» (buscadores de ideas patentables en la academia) y sistemas de asignación de recursos condicionados al trabajo colaborativo.
- Mecanismos de Gobernanza: Políticas que orientaron a las universidades desde la investigación teórica hacia la comercialización, utilizando monitoreo de actividades, regulación y escrutinio público.
Los 6 pilares de los ecosistemas de innovación exitosos
Tras analizar diversos sectores y geografías, es posible identificar los denominados «secretos» que permiten a un ecosistema prosperar y mantenerse resiliente. Según las investigaciones más recientes de 2024 a 2026, el éxito radica en el equilibrio de los siguientes factores:
Diversidad de actores y roles complementarios
Un ecosistema próspero no es una red uniforme, sino un tejido interconectado bajo modelos de triple, cuádruple o quíntuple hélice. Esto implica la integración sinérgica del gobierno, la academia, la industria, la sociedad civil y el entorno ambiental (Rabelo et al., 2024). El éxito depende de que cada actor asuma un rol específico y se refuerce mutuamente, previniendo fallos de coordinación y optimizando la división del trabajo (Cobben et al., 2026; Majava y Rinkinen, 2026).
Orquestación y gobernanza estratégica
La figura del «orquestador» es vital. Ya sea una universidad, una empresa líder o una aceleradora, este actor central gestiona los recursos, facilita la colaboración y alinea los intereses de los miembros (Cobben et al., 2026). Este liderazgo debe apoyarse en una gobernanza que combine reglas formales (propiedad intelectual) con acuerdos relacionales que mitiguen el oportunismo y promuevan la estabilidad (Rabelo et al., 2024; Pikkarainen et al., 2025).
La calidad de las conexiones interpersonales es el cimiento del sistema. Un tejido robusto de capital social fomenta un diálogo abierto y la «coopetición» (colaboración y competencia simultáneas). En este entorno, las empresas comparten riesgos y activos intangibles, acelerando el aprendizaje experimental y la creación conjunta de valor (Rabelo et al., 2024).
Propuesta de valor compartida y captura de beneficios
Para ser sostenible, el ecosistema debe gravitar en torno a la resolución de un problema específico (Jütting, 2024). Sin embargo, la captura de valor es una condición sine qua non: deben existir mecanismos claros que garanticen beneficios tangibles (financieros, tecnológicos o de mercado) para todos los participantes, asegurando su compromiso a largo plazo (Cobben et al., 2026).
Resiliencia psicológica y cultura emprendedora
Las regiones líderes cultivan una alta tolerancia al riesgo y al fracaso. Esta cultura se complementa con una resiliencia sistémica que permite al ecosistema absorber disrupciones externas. La cohesión emocional y un entorno psicológicamente seguro son fundamentales para que las organizaciones sigan invirtiendo incluso en contextos de alta incertidumbre (Cobben et al., 2026; Pizzichini et al., 2025).
Políticas públicas y flujo de capital estructurado
Superar el «valle de la muerte» requiere una escalera de capital bien definida: desde fondos públicos de investigación y capital semilla hasta inversores ángeles y venture capital (Rabelo et al., 2024). El Estado juega un rol facilitador mediante normativas favorables, incentivos fiscales y la provisión de infraestructura física y digital que reduzca los costos de innovar.
Tendencias emergentes: El futuro de los ecosistemas de innovación
El panorama global de la innovación está experimentando una metamorfosis acelerada. Según las investigaciones más recientes de 2024 a 2026, las organizaciones deben prestar atención a tres corrientes que están redefiniendo las reglas del juego:
La Resiliencia como respuesta a la Desglobalización
En un contexto de fragmentación internacional, la resiliencia de los ecosistemas se ha convertido en una estrategia de supervivencia fundamental. Pizzichini et al. (2025) proponen que esta no es solo una capacidad estructural, sino un constructo multidimensional. Para mantener la competitividad frente a las disrupciones globales, los ecosistemas deben integrar:
- Orientación emprendedora (agilidad estructural).
- Procesos cognitivos y afectivos (resiliencia psicológica de los actores).
- Tendencias etnocéntricas y culturales (identidad y cohesión local).
De la Triple a la Quíntuple Hélice: Sostenibilidad y Sociedad
Si bien el modelo tradicional (Universidad-Industria-Gobierno) es el cimiento, ya no es suficiente por sí solo. Rabelo et al. (2024) subrayan la urgencia de transitar hacia modelos más inclusivos:
- Cuádruple Hélice: Incorporación de la sociedad civil para asegurar que la innovación resuelva problemas ciudadanos reales.
- Quíntuple Hélice: Integración del entorno socioambiental, garantizando que cada avance tecnológico promueva una sostenibilidad genuina y a largo plazo.
Inteligencia Artificial como catalizador de la Innovación Abierta
La digitalización ha dejado de ser una herramienta de soporte para convertirse en el tejido conectivo del sistema (Alka et al., 2024). En esta línea, Barile et al. (2026) destacan que un ecosistema basado en Inteligencia Artificial (IA) revoluciona la dinámica de la Innovación Abierta. La IA permite optimizar la difusión del conocimiento, acelerar drásticamente los ciclos de I+D y orquestar la creación de valor con una precisión sin precedentes.
Conclusión: Hacia un futuro de colaboración estratégica
Los ecosistemas de innovación se consolidan como una herramienta poderosa y esencial para el desarrollo económico de las naciones. Al orquestar la colaboración entre startups, emprendedores, grandes corporaciones e instituciones académicas, estos entornos no solo facilitan la generación de ideas disruptivas, sino que crean el hábitat necesario para que los nuevos negocios prosperen. El resultado es un modelo de crecimiento económico sostenible, resiliente e inclusivo que beneficia a la sociedad en su conjunto.
En este contexto, es imperativo que las políticas públicas trasciendan los modelos tradicionales y se orienten decididamente a la promoción y fortalecimiento de estos ecosistemas. La inversión en capital social, infraestructura digital y marcos regulatorios favorables no es solo una opción, sino una necesidad estratégica para potenciar el desarrollo a nivel local, regional y nacional en un mercado global cada vez más interdependiente.
Preguntas Frecuentes sobre Ecosistemas de Innovación (FAQ)
¿Qué diferencia a un ecosistema de innovación de un clúster industrial?
Mientras que un clúster se basa principalmente en la proximidad geográfica de empresas de un mismo sector, el ecosistema de innovación se fundamenta en la interdependencia estratégica y la co-creación. Un ecosistema incluye una red diversa (universidades, gobierno, startups) que colabora para acelerar el flujo de conocimiento, no solo para reducir costos logísticos.
¿Quién es el «Orquestador» en un ecosistema y por qué es vital?
El orquestador es el actor (puede ser una universidad, una agencia gubernamental o una empresa líder) encargado de coordinar a los miembros de la red. Su función es mitigar conflictos, alinear intereses y facilitar el acceso a recursos. Sin una orquestación efectiva, los ecosistemas suelen fragmentarse y perder competitividad.
¿Qué es el modelo de la «Quíntuple Hélice»?
Es la evolución del modelo tradicional de innovación. Además de integrar a la Universidad, Industria y Gobierno (Triple Hélice) y a la Sociedad Civil (Cuádruple Hélice), la Quíntuple Hélice incorpora el Medio Ambiente como un actor central. Esto garantiza que la innovación no solo sea económicamente viable, sino también socialmente responsable y ambientalmente sostenible.
¿Por qué es importante la «capacidad de absorción» en una región?
La capacidad de absorción es la habilidad de una región o empresa para identificar, asimilar y aplicar conocimientos externos. De nada sirve atraer inversión tecnológica si el talento local no cuenta con las habilidades necesarias (como las habilidades del Future of Work) para operar y evolucionar esas tecnologías.
¿Cómo influye la Inteligencia Artificial (IA) en los ecosistemas actuales?
A 2026, la IA actúa como el gran catalizador de la Innovación Abierta. Permite procesar grandes volúmenes de datos para identificar oportunidades de mercado, optimizar la transferencia de conocimiento entre universidades y empresas, y reducir drásticamente los tiempos de los ciclos de investigación y desarrollo (I+D).
¿Qué papel juega el fracaso en un ecosistema exitoso?
Los ecosistemas líderes, como el de San Diego o Silicon Valley, poseen una resiliencia psicológica alta. Esto significa que tienen una cultura que tolera el riesgo y no penaliza el fracaso. El error se ve como un paso necesario en el aprendizaje experimental, lo que fomenta que los emprendedores sigan invirtiendo y creando a pesar de la incertidumbre.
¿Es posible crear un ecosistema de innovación desde cero?
Sí, pero no mediante la copia de modelos externos. El éxito requiere un diagnóstico de las ventajas competitivas locales, la movilización de capital semilla y la creación de una masa crítica de talento. Según las tendencias de 2026, la clave está en la especialización regional y en políticas públicas que incentiven la colaboración público-privada.
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Editor y fundador de «Innovar o Morir». Milthon es Máster en Gestión de la Ciencia y la Innovación por la Universidad Politécnica de Valencia, con diplomas de especialización en Innovación Empresarial (UPV) y Gestión de la Innovación Orientada al Mercado (UPCH-Universitat Leipzig). Cuenta con experiencia práctica en la gestión de la innovación, habiendo liderado la Unidad de Innovación en Pesca del Programa Nacional de Innovación en Pesca y Acuicultura (PNIPA) y trabajado como consultor en diagnóstico para innovación abierta y vigilancia tecnológica. Cree firmemente en el poder de la innovación y la creatividad como motores de cambio y desarrollo.





