
Puntos clave
- Riesgos interconectados: Hacia 2040, el escenario operativo no estará condicionado por amenazas aisladas, sino por la convergencia simultánea de eventos climáticos extremos, riesgos de seguridad híbridos y fallos estructurales en cadena.
- Capacidades operativas por encima de herramientas aisladas: La innovación y la inversión estratégica no deben priorizar tecnologías aisladas, sino resolver brechas de capacidad operativa a lo largo de todo el ciclo de gestión del desastre.
- Prioridad inequívoca a la fase preventiva: El consenso de los expertos sitúa el mayor volumen de inversión y preparación en las etapas de anticipación, prevención y mitigación, superando el enfoque tradicional de respuesta reactiva.
- Potencial de la convergencia tecnológica: Las soluciones de mayor impacto no actúan por separado, sino que integran sensórica avanzada, gemelos digitales, inteligencia artificial y robótica colaborativa.
- La ciudadanía como primer eslabón: La resiliencia no puede ser responsabilidad exclusiva del Estado; exige empoderar a la comunidad y suministrar a los equipos de primera línea equipamiento estandarizado e interoperable.
El cambio climático, la interdependencia digital y la reconfiguración geopolítica están transformando de raíz el mapa de riesgos globales. Durante décadas, la gestión de emergencias y la protección de infraestructuras críticas operaron bajo esquemas diseñados para eventos aislados y predecibles. No obstante, las crisis del mañana ya desbordan esos marcos tradicionales.
Frente a este escenario, un estudio de prospectiva estratégica del Centro Común de Investigación (JRC) de la Comisión Europea propone un viraje decisivo hacia el horizonte 2040: reemplazar la reacción reactiva y fragmentada por un modelo sistémico y anticipatorio, sustentado en capacidades operativas y tecnologías de vanguardia.
El nuevo panorama de riesgos: la era de la convergencia
Hacia 2040, el gran desafío no radicará solo en la mayor frecuencia o magnitud de las catástrofes, sino en su convergencia e interacción simultánea. El informe del Centro Común de Investigación (JRC) identifica tres motores críticos que se retroalimentan:
- Amenazas naturales y accidentes tecnológicos (Natech): La crisis climática proyecta multiplicar hasta por diez los daños de eventos meteorológicos extremos sobre el entorno edificado a finales de siglo. A este impacto se suma la vulnerabilidad de más de 11 000 plantas industriales bajo la Directiva Seveso en la Unión Europea, expuestas a fallos tecnológicos desencadenados por inundaciones, incendios o sismos.
- Amenazas a la seguridad: El resurgimiento de conflictos armados, los sabotajes a infraestructuras estratégicas, la desinformación masiva y los riesgos CBRN-E (químicos, biológicos, radiológicos, nucleares y explosivos) desdibujan la frontera tradicional entre seguridad nacional y protección civil.
- Vulnerabilidades estructurales: La concentración urbana (más del 80 % de la población europea habitará ciudades hacia 2050), el envejecimiento demográfico y la hiperdependencia digital ensanchan la superficie de ataque físico y cibernético. Un fallo puntual en la red eléctrica o en la navegación satelital (GNSS) puede provocar colapsos inmediatos en transporte, salud y suministros esenciales.
Cómo se diseñó el estudio: una metodología de prospectiva robusta
Para trazar la hoja de ruta hacia 2040, el equipo de investigación desplegó un marco metodológico estructurado que convocó a más de 120 expertos procedentes de instituciones europeas, organismos de protección civil, centros científicos y redes estratégicas como CERIS.
El flujo de trabajo articuló cuatro ejes fundamentales:
- Revisión sistemática de literatura: Cribado exhaustivo y análisis crítico de 278 documentos científicos y marcos normativos estratégicos publicados entre 2020 y 2024.
- Escaneo de horizontes asistido por IA: Procesamiento masivo de 18 700 registros mediante la herramienta TIM Technology (minería de patentes y literatura científica) y la plataforma institucional GPT@JRC, identificando una base inicial de 748 señales de cambio.
- Método Delphi y entrevistas cualitativas: Rondas sucesivas de priorización con paneles de especialistas para evaluar el impacto, el grado de innovación y la relevancia temporal de cara al horizonte 2030-2040.
- Taller comunitario y dinámicas World Café: Simulación participativa de escenarios de desastre proyectados para 2035 para contrastar las vulnerabilidades actuales frente a las capacidades operativas requeridas.
Doce capacidades prioritarias: más allá del equipo técnico
En el marco de este estudio, una capacidad no representa un recurso técnico aislado, sino la competencia operativa real para ejecutar tareas críticas y alcanzar resultados verificables. El análisis subraya un principio rector: los riesgos definen las necesidades de capacidad, y estas, a su vez, marcan el rumbo de las soluciones en I+D.
Las 12 capacidades clave articulan todo el ciclo integral de gestión del desastre:
- Continuidad y redundancia de servicios esenciales: Garantizar el suministro ininterrumpido de energía, agua y logística durante y después de una crisis.
- Cooperación transfronteriza y coordinación multinivel: Eliminar la fragmentación de datos y mando operativo entre regiones y Estados miembros.
- Ciberresiliencia: Resistir y adaptarse a ciberataques contra entornos ciberfísicos e infraestructuras industriales.
- Alerta temprana y detección proactiva: Monitorizar patrones de riesgo para activar medidas preventivas antes del impacto.
- Comunicaciones críticas interoperables: Asegurar el intercambio unificado y seguro de información en zonas con infraestructura degradada.
- Descontaminación, gestión de residuos y restauración: Neutralizar sustancias peligrosas y rehabilitar de forma expedita los ecosistemas afectados.
- Diseño resiliente: Proyectar y adaptar infraestructuras a los futuros escenarios climáticos mediante códigos técnicos actualizados.
- Modelado de riesgo sistémico e interdependencias: Simular y anticipar fallos en cadena entre redes estratégicas interconectadas.
- Operaciones de primera línea eficientes y seguras: Dotar al personal de intervención de soluciones avanzadas que mitiguen su exposición al riesgo.
- Empoderamiento ciudadano: Capacitar a la comunidad para responder en las primeras horas críticas, transformando a la población de receptora pasiva en agente activa.
- Entrenamiento y ejercicios especializados: Desarrollar programas formativos continuos basados en simulación para reforzar la interoperabilidad y la salud mental.
- Detección y análisis rápidos en escena: Evaluar in situ y en tiempo real contaminantes críticos y amenazas dinámicas.
Doce tecnologías emergentes: la ventaja de la convergencia
Las soluciones tecnológicas mejor valoradas por los especialistas fueron aquellas capaces de hibridar áreas clave del conocimiento: sensórica avanzada, inteligencia artificial, robótica y conectividad de última generación.
- Sensores avanzados integrados con satélites, IoT y UAV: Ecosistemas de datos en tiempo real para detección precoz y alerta temprana.
- Drones con IA para localización de personas en rescates: Identificación de firmas térmicas, patrones visuales y señales acústicas (pedidos de auxilio) en terrenos complejos.
- Fusión de LiDAR y SLAM: Mapeo tridimensional en tiempo real para entornos sin cobertura GNSS (túneles, estructuras colapsadas o minas).
- Gemelos digitales a escala de ciudad: Réplicas urbanas hiperrealistas para proyectar impactos multirriesgo y simular respuestas operativas en servicios públicos.
- Robots colaborativos para logística médica y suministros: plataformas terrestres y aéreas para operar en zonas inaccesibles o contaminadas.
- Detección de georriesgos mediante radar satelital (SAR e InSAR): Medición milimétrica de deformaciones en el terreno y fallas geológicas activas.
- Comunicaciones basadas en enjambres de UAV: Despliegue de redes malladas aéreas provisionales (Wi-Fi, 4G/5G) ante el colapso de infraestructuras terrestres.
- Drones para vigilancia epidemiológica: Identificación de anomalías térmicas, monitoreo de vectores de transmisión y transporte seguro de muestras biológicas.
- Redes de relojes atómicos ópticos interconectados: Medición ultraprecisa de variaciones gravitatorias terrestres para la monitorización sísmica y volcánica.
- Gemelos digitales para la red eléctrica: Optimización dinámica del flujo energético, detección de anomalías e integración de microredes y fuentes renovables.
- Sensores térmicos e hiperespectrales en UAV: Evaluación ambiental expedita y detección temprana de estrés forestal y focos de incendio.
- Materiales avanzados y biotecnología para descontaminación: Aplicación de redes metalorgánicas (MOF), recubrimientos fotocatalíticos y microorganismos bioingenieriles en aire, agua y superficies.
Desafíos y recomendaciones para la investigación y la política pública
Incorporar estas tecnologías no está exento de fricciones. El estudio advierte sobre barreras estructurales críticas, como los lentos ciclos de compra pública, la limitada autonomía de las baterías, el margen de falsos positivos en modelos de inteligencia artificial y la falta de interoperabilidad técnica básica en el terreno (evidenciada, por ejemplo, en conexiones hidráulicas incompatibles entre países vecinos).
Para superar estas brechas, el informe plantea ocho recomendaciones estratégicas para la Unión Europea:
- Incorporar la prospectiva de forma continua: integrar el escaneo de horizontes en el ciclo ordinario de formulación de políticas públicas.
- Establecer un marco común de capacidades: diseñar una taxonomía unificada para alinear la inversión en I+D dentro de programas como Horizonte Europa.
- Priorizar la anticipación y la prevención: Concentrar mayores recursos en la fase previa al desastre, donde la inversión evita los mayores costes humanos y económicos.
- Impulsar soluciones integradas e interoperables: Fomentar ecosistemas tecnológicos abiertos frente a plataformas cerradas y fragmentadas.
- Eliminar trabas en la adopción innovadora: Involucrar a los equipos de primera intervención en el codiseño técnico desde la etapa de prototipado.
- Aprovechar sinergias civiles y militares: Canalizar tecnologías de uso dual para robustecer la autonomía estratégica y tecnológica europea.
- Gobernar la tecnología bajo supervisión humana: mitigar riesgos éticos asociados al sesgo de la IA, vulnerabilidades cibernéticas y privacidad de datos.
- Operativizar el enfoque social integral: Fortalecer la resiliencia comunitaria combinando herramientas digitales inclusivas con alternativas analógicas plenamente accesibles.
Un cambio de mentalidad ante la incertidumbre
El futuro de la resiliencia no reside en predecir con exactitud cuándo ocurrirá una catástrofe, sino en diseñar sistemas capaces de absorber el impacto, adaptarse con agilidad y recuperarse bajo el principio de reconstruir mejor («build back better»).
Para los líderes de la innovación y la gestión estratégica, el mensaje del informe resulta inequívoco: la tecnología solo despliega su verdadero potencial cuando atiende a necesidades operativas reales y se articula dentro de un marco colaborativo, interoperable y éticamente supervisado. La resiliencia hacia 2040 dependerá de nuestra capacidad presente para concebir soluciones que internalicen la complejidad del riesgo sistémico desde su génesis.
Referencia (acceso abierto)
Tasoulas V., Skiadaresis G., De Maleville A., Favino R., Redecke C., Sangiorgi M. et al. Strengthening European Union’s future disaster resilience : a strategic foresight study identifying priority capabilities and emerging technologies towards 2040. Publications Office of the European Union; 2026. Available from: doi/10.2760/8720215
Editor y fundador de «Innovar o Morir». Milthon es Máster en Gestión de la Ciencia y la Innovación por la Universidad Politécnica de Valencia, con diplomas de especialización en Innovación Empresarial (UPV) y Gestión de la Innovación Orientada al Mercado (UPCH-Universitat Leipzig). Cuenta con experiencia práctica en la gestión de la innovación, habiendo liderado la Unidad de Innovación en Pesca del Programa Nacional de Innovación en Pesca y Acuicultura (PNIPA) y trabajado como consultor en diagnóstico para innovación abierta y vigilancia tecnológica. Cree firmemente en el poder de la innovación y la creatividad como motores de cambio y desarrollo.





